Una ley para los medios
>> lunes, 28 de septiembre de 2009
Tea II
Que una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad lo supo Goebbels durante el Tercer Reich y lo saben los oligopolios mediáticos ahora. Oligopolios que por estos días se dedican atacar al proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que ya cuenta con media sanción en Diputados, porque sería un menoscabo a la libertad de expresión y de prensa y de empresa. Algún mal pensado paranoide sospechará que es sólo una excusa y que la verdadera intención es que nadie les arruine el negocio de la información. La estrategia funcionó durante 26 años.
Mariana Baranchuk, docente de Políticas y Planificación de la Comunicación de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA y asesora en la Dirección Nacional de Supervisión y Evaluación del Comfer, defendió el lunes pasado en el auditorio de la escuela de periodismo Tea las bondades del proyecto frente a la Ley 22.285, marco legal con que actualmente se rige lo relativo a la radiodifusión. La clave está en las licencias y prestadores. De aprobarse la ley en la Cámara alta, muchos empresarios deberán desprenderse -durante el tiempo de adecuación- de algunos de los tentáculos con los que monopolizan el discurso. Y quedará abierto el juego para que voces hasta hoy sin espacio puedan expresarse.
Para Baranchuk, los 24 foros realizados en el país para modificar el anteproyecto fueron “un ejercicio inédito de democracia directa”. Aunque esta concepción de democracia directa es discutible, afirmar que la ley no fue debatida suficientemente y en forma federal es una mentira repetida adecuadamente mil veces.
La especialista aclara, como si fuera pecado, que el proyecto “no es una ley K”. Si bien es cierto que el Poder Ejecutivo tomó como base los 21 Puntos por una Radiodifusión Democrática de la coalición formada en 2004, el proyecto saldrá gracias a la voluntad política del actual Gobierno. Entonces es una ley que todo kirchnerista debería reivindicar con orgullo como Ley K. El enfrentamiento con el Grupo Clarín es coyuntural (sus ayudas ha recibido durante el mandato de Kirchner), pero la Ley de Medios es estructural y un paso en la democratización de la información.
Baranchuk ilustró, con sólo un ejemplo, cómo funciona ese paraguas ahora y cómo lo hará cuando la ley que está a punto de aprobarse sea reglamentada. La actual legislación contempla, bajo situaciones de conmoción interna, la interrupción de la señal habitual de radio y televisión. Durante la caída de Fernando De la Rúa, el entonces mandatario quiso hacer uso de esa facultad. Fue Gustavo López, interventor del Comfer, el que dijo “no seré el Goebbels de la Alianza” y dio el portazo. A esa atribución llamamos discrecionalidad del Ejecutivo, no a lo que se teja o desteja sobre la Autoridad de Aplicación. La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual vendrá a alejar un poco a los Goebbels del Gobierno y del poder económico.
